CAPÍTULO 77.
La noche había caído con una calma inquietante. La tierra había temblado durante horas, y aunque las grietas en la reserva habían dejado cicatrices profundas, aún quedaba trabajo por hacer. Los lobos de Valragh, así como los de Shadowfang y Dreknar, trabajaban codo a codo, sin distinciones, sin palabras amargas. Nadie se atrevía a romper el silencio impuesto por la tragedia.
Pero una tragedia más había golpeado a todos por igual. Pero era imposible no notar que, entre todos, había alguien que