CAPÍTULO 32.
Habían transcurrido dos días desde el brutal ataque en el hospital de Luzbria.
El sargento Smith se detuvo frente a los cadáveres, sus ojos recorrían cada detalle con precisión, como un hombre acostumbrado a encontrar respuestas en las huellas del crimen.
La morgue, fría y silenciosa, apenas interrumpida por el tenue resplandor de las lámparas, era el escenario de una tragedia que se desmoronaba bajo su mirada. Los cuerpos de los guardias del hospital estaban destrozados, su mutilación más all