CAPÍTULO 33.
Clara se encontraba en el borde del bosque, el aire fresco acariciaba su rostro mientras las sombras de los árboles comenzaban a alargarse. Había algo en el ambiente, algo que no sabía cómo describir, pero que la inquietaba profundamente. Un "no sé qué" que la abrazaba, llenándola de una extraña sensación de urgencia. Era como si la naturaleza misma le estuviera enviando una advertencia. Los árboles susurraban, y el viento parecía contar secretos que Clara no podía comprender, pero su instinto