CAPÍTULO 29.
Arthur estaba de pie junto a la ventana. Su cuerpo ya no mostraba rastros del dolor que lo había retenido varios días en el hospital.
—Ya quiero irme de aquí, quiero regresar a mi hotel —decía a una enfermera que ajustaba las sábanas de la cama.
—Tenga paciencia don Arthur, ya pronto le darán el alta.
Un leve crujido de la puerta lo sacó de sus pensamientos.
Cuando se volvió, la vio.
Clara.
Por un instante, el tiempo pareció detenerse. Arthur sintió que el aire se le atascaba en la garganta. H