CAPÍTULO 28.
El rugido del viento se mezclaba con el sonido de las pisadas furiosas de Kael. Su cuerpo, transformado en una bestia colosal de pelaje oscuro, avanzaba con desesperación a través del bosque. En sus fauces, con la delicadeza de quien sostiene lo más preciado, llevaba el cuerpo inerte de Lina.
La sangre de ella impregnaba su hocico, un aroma que le quemaba los sentidos y alimentaba su furia. El tajo que Nyssa le había provocado no solo amenazaba con arrebatarle la vida a Lina, sino que también l