Narrado por Teo
Gregory seguía hablando, su voz llena de entusiasmo, pero cada palabra me llegaba como si atravesara un muro espeso. No escuchaba los detalles, no prestaba atención a su risa ni a sus gestos de orgullo. Solo había un eco golpeando en mi cabeza, repitiéndose como un martillo: Karina está embarazada. Es mi hijo.
El aire en la sala de juntas se volvió pesado, imposible de respirar. Sentí que el cuello de mi camisa me apretaba como un lazo, y tuve que aflojarme el botón superior con