Narrado por Karina
El silencio en la sala de ecografía se volvió insoportable. El médico había salido un momento, dejándonos a solas con la imagen que aún seguía fija en la pantalla: una sombra diminuta, apenas un destello en blanco y negro que latía en silencio. Mi hijo.
Pero no era de Dante.
Me ardían los ojos, pero no podía llorar. Tenía miedo de que si lo hacía, si dejaba salir ese torrente, Dante me soltara la mano y se marchara. Sentía el peso de su respiración junto a mí, contenida, queb