Narrado por Karina
La cena terminó en silencio, pero dentro de mí había un ruido ensordecedor.
Cada palabra de Celeste resonaba en mi cabeza como un eco imposible de callar: “¿No será que… estás embarazada?”
Esa idea se me había pasado alguna vez por la mente en los últimos días, pero siempre la había desechado con rapidez, como si no mereciera quedarse más de un segundo en mi pensamiento. Ahora, después de escucharla en voz alta, todo adquiría un peso que me aplastaba.
Subí a mi habitación con