Narrado por Dante
Teo había cambiado. Lo noté la primera vez que entró en la oficina sin avisar, como si necesitara el caos para no derrumbarse. Ya no era ese tipo preciso que medía cada movimiento como si el mundo fuese una partida de ajedrez. Ahora parecía jugar con piezas rotas.
Lo observé desde la sala de reuniones, fingiendo revisar unos documentos, pero con los ojos clavados en él. Iba vestido con un traje oscuro, sin corbata, el cuello de la camisa abierto como si no tuviera fuerzas para