Sebastián y Yolanda habían decidido hacer una escapada a un nuevo café que había abierto sus puertas recientemente.
La fama de sus deliciosos pasteles se había esparcido como pólvora, y ellos, siendo amantes del buen comer, no podían resistirse a la tentación.
Sebastián, con su aire despreocupado, hojeaba el menú con una sonrisa.
—Mi amor, me han dicho que este lugar tiene los mejores pasteles de la ciudad.
—Es nuevo, veamos qué tan cierta es la fama— respondió Yolanda, con un gesto de desdén