—Claro que acepto, es demasiado buena su propuesta.
—Solo quiero que olvide esa mala impresión que tiene de mí y trabajemos codo a codo, para sacar ese proyecto adelante.
Ella le sonrió, creyendo que no tenía caso de guardar viejas rencillas.
Ahora era una mujer de sueños grandes, aunque a menudo sentía que el destino jugaba en su contra, la suerte la terminaba favoreciendo.
La voz del CEO y el sonido del teléfono; avisando del depósito en su cuenta bancaria le sacaron de sus pensamientos.