—Auxilio, auxilio.
Era la voz de Diana, Robert se disponía a subir cuando Juana lo tomó del brazo.
—No entre solo, lleve a los vigilantes.
—Tienes razón. —Dijo él, muy nervioso.
Parecía una pesadilla, pero era la más cruda realidad.
El caos ya se había desatado en la mansión López.
Robert, que apenas unos minutos antes intentaba descifrar las sombras desde la seguridad de sus monitores.
Ahora se veía envuelto en un torbellino de violencia que superaba cualquier horror imaginado.
Camila no er