El amor de su vida había vuelto del estado de coma, Diana se pellizcó para saber que no soñaba.
Era un verdadero milagro del amor. Durante las siguientes dos horas los médicos realizaron los análisis pertinentes.
Diana no se apartó ni un solo segundo, manteniendo una distancia prudente para no entorpecer el trabajo, pero con los ojos fijos en él.
—Es un verdadero milagro absoluto, señora —declaró finalmente la doctora, retirándose el estetoscopio del cuello con una sonrisa de genuino asombro. —