Capítulo 8 – El señor veintitrés centímetros.
Nos dimos una ducha a las ocho de la mañana, justo cuando estábamos exhaustos de tanto sexo, por separado. Me puse el camisón, justo en el momento en el que él salía de la ducha, secándose la cabeza con la toalla, llegando hasta mí.
La forma en la que me miró me encendió completamente. Ese hombre me volvía loca, no sabéis hasta qué punto.
Se dio la vuelta, se colocó los calzoncillos, los pantalones, los calcetines, y justo se anudaba los zapatos, sentado en la cama, cuando yo llegué hasta él, le