El amanecer se filtraba un resplandor dorado por las cortinas entreabiertas. Becca se movió levemente, aún envuelta en los brazos de Asher. Por un instante, creyó que todo lo ocurrido había sido un sueño. Pero ahí estaba él, dormido, respirando con calma, con su brazo todavía sujetándola como si temiera perderla.
Sonrió débilmente, permitiéndose unos segundos más de ilusión.
Pero el golpe seco en la puerta quebró la calma como un trueno. Becca se sobresaltó, y Asher despertó de inmediato
—¿Quié