A la mañana siguiente, el bullicio de la exposición inmobiliaria llenaba el enorme salón con luces, música suave y conversaciones superficiales. Entre los trajes impecables y las copas de champaña, Becca apenas lograba concentrarse. Cada mirada hacia los pasillos, un ruego desesperado.
—¿Dónde estás? —susurró para sí misma—. Solo quiero verte una última vez.
De pronto, lo vio. A lo lejos, entre el resplandor de los reflectores, su figura emergió con la seguridad de quien nunca pasa inadvertido.