A la mañana siguiente, el bullicio de la exposición inmobiliaria llenaba el enorme salón con luces, música suave y conversaciones superficiales. Entre los trajes impecables y las copas de champaña, Becca apenas lograba concentrarse. Cada mirada hacia los pasillos, un ruego desesperado.
—¿Dónde estás? —susurró para sí misma—. Solo quiero verte una última vez.
De pronto, lo vio. A lo lejos, entre el resplandor de los reflectores, su figura emergió con la seguridad de quien nunca pasa inadvertido. Su sonrisa estaba intacta, aunque en sus ojos había algo distinto, un brillo oscuro que Becca no recordaba.
Las horas en la exposición inmobiliaria se desvanecieron como un espejismo. Entre luces resplandecientes, conversaciones vanas y el tintinear de copas, Becca apenas escuchaba nada; su atención estaba fija en él. Asher, impecable y magnético, parecía no percatarse de las miradas que lo seguían, pero ella… ella no apartó la suya ni un segundo. Lo observó hablar, sonreír, estrechar manos, y