El fin de semana llegó más rápido de lo que Becca había imaginado. El trayecto hacia la mansión de Federico había sido un silencio intercalado con las risas suaves de Harika, que miraba expectante por la ventanilla. El portón negro se abrió con lentitud, revelando la inmensidad de la propiedad.
Al llegar al vestíbulo, el aire fresco y perfumado a jazmín las envolvió. Una mujer de porte elegante descendía por la escalera principal.
—Becca, supongo —dijo con una sonrisa educada pero distante—. So