El tiempo había pasado sin piedad. Tres meses después de aquella despedida la vida de Asher y Becca no volvió a ser la misma.
Asher sentía que todo lo que conocía se desmoronaba. Ahora vivía atado a un calendario marcado por citas médicas y falsas sonrisas. Aurora, con su embarazo cada vez más evidente, lo mantenía en una prisión de apariencias. No había día en que no se preguntara cómo sería su vida si ella no se hubiera ido. La amargura lo consumía en silencio, disfrazada con la rutina.
—¡Mir