El tiempo había pasado sin piedad. Tres meses después de aquella despedida la vida de Asher y Becca no volvió a ser la misma.
Asher sentía que todo lo que conocía se desmoronaba. Ahora vivía atado a un calendario marcado por citas médicas y falsas sonrisas. Aurora, con su embarazo cada vez más evidente, lo mantenía en una prisión de apariencias. No había día en que no se preguntara cómo sería su vida si ella no se hubiera ido. La amargura lo consumía en silencio, disfrazada con la rutina.
—¡Mira lo que le compre a nuestra niña! —Exclamo Aurora con felicidad, mostrándole un pequeño vestido rosa.
—Sí… es hermoso —murmuró Asher sin levantar la vista.
Aurora frunció el ceño.
—¿Podrías fingir un poco más de entusiasmo? Ya deberías acostumbrarte a que pronto seremos tres.
Asher dejó escapar una risa seca
—No estoy de humor para tus reclamos. Estos meses han sido suficientes para saber que la que debería acostumbrarse eres tú… a que nunca seremos una familia. ¿No entiendes? Todo lo que hago