Mientras su mente daba vueltas, guardó la carta con manos temblorosas y se dirigió a la cocina. Preparó algo rápido, algo para calmar la tormenta interna. Luego regresó junto a Asher, como si nada hubiera pasado.
—No debe estar aquí —repitió él, su tono grave, pero casi resignado.
—Claro que sí, se le olvida que somos amigos —respondió ella, sin poder disimular una sonrisa amarga.
—La verdad... pensé que lo decía por lástima.
—¿Pensó que no me importaba? —Su voz, a pesar de la indiferencia apar