Cuando llegó a su apartamento, Becca no pudo cruzar la puerta. Se quedó quieta, con el corazón latiendo como si quisiera escapar, se reprochaba el hecho de haber provocado a Asher.
Sí, había trabajado en terapia, había enfrentado a sus fantasmas uno por uno. Y sí, deseaba amar y ser amada. Pero algo dentro de ella gritaba que había hecho todo mal.
—¡¿En qué estabas pensando, Becca?! —murmuró entre dientes, apretando los ojos para contener las lágrimas—. ¡No puedes ser más tonta!
No era rabia lo