Karim no se sentía bien, pero no podía demostrarlo. Era el jefe, el líder, y el líder había sido burlado por una dama. Peor aún, por su propia esposa. Más allá de la humillación y decepción, sentía rabia y repulsión.
Quiso matarla, clavarle una bala en medio de sus ojos ámbar, pero entendió esa tarde que no es lo mismo querer, que poder.
No pudo matarla, no pudo asesinarla. Se enamoró de ella de la forma más cegada. De no haberla descubierto, se lo habría dado todo.
Estaba dentro de la clín