Las manos de Jaya cubrieron su boca, nuevas lágrimas inundando sus ojos.
—No, no, no. ¿Cómo… cómo te enteraste de eso?
—Sé que después de eso, siguió contratando al imbécil guardaespaldas que te hirió. El idiota está allá afuera vigilando esta casa. Por eso estuviste hospitalizada. —Se tomó una pausa, viendo cómo los ojos de Jaya una vez más se inundaban.
La tristeza de Adam era grande, jamás hubiese querido verla así. No era el plan original, pero ya no quería que ella siguiera sufriendo. Si