Karim apretó sus puños, sintiendo el escozor del herido. Sus ojos flameaban por la rabia.
Sacó su móvil de su jean y tecleó en la pantalla. En un par de segundos recibió lo que había pedido. Luego giró el aparato hacia ella.
Jaya enfocó su vista, y sus ojos se abrieron de par en par.
En la imagen, una señora muy parecida a ella, vestida también de jean, botas y un anorak morado oscuro, caminaba por las calles de Nueva York llevando consigo un carrito de compras hecho de tela, el cual rodaba c