—No hay que estar casado con alguien como Jaya Maniyor para conocer la perfección, abogado. Saber estar con ella es suficiente.
Adam siguió sonriendo, pero el gesto pareció perder fuerza.
Y de no ser por la tensión que llevaba encima, Jaya habría dejado escapar sonoramente el aire por su boca.
Y lo haría con hartazgo, ella necesitaría varias exhalaciones para no desfallecer. Llevaban rato cenando, y se estaba empezando a molestar de verdad con esa (para ella) desproporcionada situación. Ya se