Max rió un poco por eso, pero nada que le diera verdadera gracia.
Luego palmeó su brazo y se fue, mirando la puerta entreabierta del apartamento, pensando en la noche que la joven Liliana quizás le daría a un hombre que no se veía con ánimos de discutir.
Adam entró a su piso y cerró la puerta detrás suyo. Se fue quitando el resto de sus prendas, zapatos, medias, la corbata, y sosteniéndolas en su mano junto con la chaqueta que recogía de la silla, se dirigió a su habitación. Se detuvo en seco