Jaya se levantó de la cama cuidando de no despertar a Karim.
Caminó hasta el tocador y se encerró allí.
Se dejó caer al suelo, no lloraba, no reía.
Sacó del bolsillo de su bata la tarjeta que le dio su marido en la casa de Germán Klaus y la miró con apremio.
Cerró los ojos. Pudo escuchar dentro de su cabeza las voces antiguas, el llanto de su madre, sus gritos desgarradores cuando se enteró que su esposo había muerto. Jaya recordó cómo fueron desalojados de ese patrimonio que por ley les corr