Camila
No dormí con Julián esa noche, tampoco la siguiente. Nos mantuvimos en habitaciones separadas y cada vez que nos cruzábamos dentro de la casa, el ambiente entre nosotros era tenso.
Julián salía cada mañana hacia Libertaria y yo me quedaba en casa, trabajando en mi computadora portátil, la cual ocultaba bajo la cama.
Había pasado tres días desde nuestro encuentro y Eduardo todavía no se ponía en contacto conmigo, lo cual empezaba a desesperarme. Me preguntaba si debía volver a visitarlo o dejar que todo continuara a su ritmo.
El tercer día ya no soporté más estar encerrada en la casa y regresé al Registro Mercantil, había investigado a los Gil, Los Mendoza y los Ortega así que fui a buscar información sobre sus patrimonios y las empresas de su propiedad.
Las tres familias participaban de las juntas directivas de varias empresas en común, una de vigilancia llamada TecnoVisor; el diario La Voz, donde tanto los Gil como los Mendoza tenían participaciones: Y la última que llamó mi