Camila
Dudé tanto de Julián, creí que no me amaba y que a quien buscaba proteger era a los Gil, que nuestra reconciliación se sentía lo cosa más dulce del mundo. No había nada mejor que despertar en sus brazos, abrigada por el calor de su cuerpo. Solo faltaba Isa para que mi vida fuera perfecta. Pero pronto la tendría de vuelta.
Julián me acarició el pelo.
—Debo ir a Libertaria. —Era una frase sencilla, pero la sentí como una sentencia.
—No vayas. —Había estado recostada en su pecho, me incorporé un poco para mirarlo a los ojos—. Puede ser peligroso.
Julián me miró con una sonrisa tierna y peinó hacia atrás mis cabellos.
—Tengo que ir y pedir a la Junta una reunión de emergencia.
Exhalé con pesar. Habíamos quedado en que él obligaría a Octavio a renunciar antes de que publicáramos la investigación, pero saberlo tan cerca de ese hombre me ponía nerviosa.
—Tenemos que ir a la policía y poner la denuncia del robo a nuestra casa.
Volví a suspirar. La burbuja de felicidad en la que había