Julián ya estaba en una habitación, fue reconfortante ver cómo de a poco surgía el hombre fuerte al que amaba.
—Hola —saludé desde el umbral.
Julián volteó a verme con una sonrisa, también Santiago, su hermano, quien lo acompañaba.
—¿Qué te parece esta nueva suite, cuñadita? —bromeó Santiago.
—Todo es mejor que esa sala de cuidados intensivos —dije acercándome.
Alcé el ejemplar de la revista y los ojos de Julián se abrieron, sorprendidos.
—¿Ya salió?
Yo asentí.
—No quise verla hasta estar conti