Camila
Miré mi reloj de pulsera, había pasado media hora desde que Julián llamó. Libertaria no estaba tan lejos de la urbanización en la que vivía Charlotte, me asaltó un mal presentimiento.
—Camila, ven —me llamó Iván—. Tienes que probar este vino, es exquisito.
Él y Charlotte estaban sentados en el sofá de la sala, degustando el vino especial que había sacado mi amiga de su despensa y conversando amenamente. Forcé una sonrisa y me acerqué a ellos. Mientras Iván servía el licor en una copa, mi amiga encendió el televisor.
La música sensacionalista del noticiero sonó, Iván hacía un chiste sobre Gonzalo Gil. En la televisión mencionaron el nombre «Julián Ortega» y ese par de palabras captó de inmediato mi atención. Caminé con el corazón retumbándome en la boca hasta pararme frente al televisor.
Una reportera joven transmitía desde la calle. Reconocí el lugar, era la floristería que estaba frente al edificio de la revista.
«Jimena» decía el presentador del noticiero «¿Ya se sabe algo so