Iván, el amigo de Julián, llegó a la casa de Charlotte a eso de las nueve de la mañana.
Había creído que era un reportero serio, parecido a Julián, pero él era todo lo contrario. Tenía un humor sarcástico que de inmediato hizo clic con Charlotte. Sin embargo, también era determinado, así que no dio mucho tiempo a coquetear, sino que nos pusimos manos a la obra.
Dos horas después casi habíamos terminado de armar el reportaje adjuntando pruebas y explicando las conexiones entre La Voz, Libertaria, el Ayuntamiento y la ONG.
—Muy bien, chicos, hora de descansar —Charlotte se acercó risueña con jugo de fresas y bizcocho—. No quiero que se les fría el cerebro.
Ella sonrió y le lanzó una mirada brillante a Iván. Mi amiga se acomodó en un taburete de madera frente a nosotros, bebió su bebida y luego habló con un tono casual.
—¿Y cómo es que tú y Julián son amigos? Él es… ya sabes, el hombre serio y formal del periodismo y tú pues… —Charlotte rio, Iván alzó una ceja—. Eres divertido.
—Oh, buen