Camila
Si Julián se dio cuenta de que mentía, no lo demostró. El camino de vuelta hacia la casa lo hicimos casi en completo silencio, cada uno concentrado en sus propios pensamientos. Yo me devanaba los sesos sobré qué me diría Eduardo. Nuestra próxima entrevista me llenaba de curiosidad y de miedo. De soslayo miré a Julián y elevé una plegaria. Recé para qué él no fuera parte de esa conspiración, aunque sabía que eso era casi imposible.
Entramos a la casa, la cual se encontraba completamente a oscuras. La sensación me erizó el vello de los brazos, fue como adentrarse en una cueva desconocida y peligrosa.
Julián encendió la luz detrás de mí.
—¿Te gustaría tomar algo? —preguntó con una sonrisa que parecía indecisa entre la esperanza y la frustración.
Lo miré y me mordí el labio inferior, lo cierto era que me moría porque todo volviera a ser como antes, pero ya no había marcha atrás.
—Sí, me gustaría, pero estoy muy cansada. ¿Qué tal si lo dejamos para mañana?
Él asintió con una expresi