Lloraba desesperada en los brazos de Julián. La amenaza, quien quiera que la hubiera enviado, había tenido el efecto que deseaba, porque ya no quería continuar con la investigación, solo deseaba que mi hija estuviera a salvo.
—Si algo le pasa a Isabella —gimoteé y él me acarició el cabello.
—No lo permitiré. Iremos a la policía.
Cerré los ojos con la mejilla apoyada en el pecho de Julián. Debía proteger a Isabella, aunque la alternativa que tenía era una que me rompería el corazón.
—Le entreg