Respiraba con más tranquilidad después de que Emilio me aseguró que hablaría con Linda y pondría a Isa a salvo. Subí a mi auto en el estacionamiento del hospital y desde allí le marqué a Julián, él se había quedado preocupado por mí cuando salí de Libertaria.
—Hola, preciosa —dijo Julián en cuanto abrió la llamada.
—Hola, cariño.
—¿Cómo estás? ¿Cómo te fue con… el tipo ese?
Sonreí para mis adentros al escuchar la forma despectiva de Julián al dirigirse a Emilio. También me extrañó oír música y mucho ruido.
—Bien. Él se encargará de Isa.
—Me alegro
—¿Dónde estás?
—Salí un momento, preciosa. —Risas agudas de mujer y bachata de fondo—. No tardaré. Llámame si necesitas algo.
Julián cerró la llamada y yo me quedé mirando la pantalla de mi celular, desconcertada. ¿Dónde estaba? Él nunca me pareció del tipo que va a bares y lugares similares. Pero debía reconocer que apenas estaba conociéndolo. Si yo me sentía al borde de un ataque de nervios, seguramente él se encontraba igual. No le di más