—Bien. Yendo al grano… —Y sostuvo la mirada de Daisy, pronunciando cada palabra con total claridad—. Mi condición es sencilla: quiero que seas mi novia.
—¿Disculpa…? —Daisy frunció el ceño, convencida de que había oído mal. Creía que él iba tras su vida, pero… ¿esto?
—Si aceptas, desharé inmediatamente la hipnosis de Blanca y prometo no volver a tocarla. Ni un solo cabello suyo.
—¿Tú…? —comenzó a replicar Daisy, pero Y la interrumpió:
—No te apresures. Tienes tres días para pensarlo.
No parecía