El silencio de Fernando confirmó que no era una pregunta simple. Daisy se cruzó de brazos, con la mirada llena de sospecha:
—No parece tan difícil. La última vez me diste un pretexto muy conveniente, ¿por qué esta vez no hablas?
—Si repito mi versión, ¿me creerías? —replicó Fernando, clavando los ojos en ella—. Si sé que no confiarás en mis palabras, ¿de qué sirve explicarlo?
Daisy sacó su teléfono, abrió un video y se lo mostró. Las imágenes captaban a Fernando reuniéndose con Fausto a altas ho