—Vaya, no sabía que tuvieras tanta imaginación. Y… vaya que te sobra la vanidad.
Antes de que él replicara, Daisy retiró su mano con un tirón y alzó la palma en señal de «stop».
—Si quieres que te cambie el vendaje, cierra el pico.
Poniendo fin al intercambio, señaló el sofá que se encontraba en medio de la habitación.
—Siéntate ahí.
Conociendo el carácter de Daisy en esos momentos, Fernando prefirió obedecer sin chistar y se acomodó en el sofá. Daisy trajo el botiquín y se situó detrás de él pa