¡Tres minutos!
Ese plazo se antojaba cruelmente breve, pero tratándose de Y, no era una exageración.
Su habilidad con la hipnosis rozaba lo imposible. Podía manipular a distancia la voluntad de Blanca. A menos que el maestro siguiera con vida, Daisy poco podía hacer para contrarrestarlo. Era evidente que él dominaba la situación.
Sin embargo, aceptar así como así… la sola idea le revolvía el estómago.
Con el ceño fruncido, Daisy colgó. Se acercó a los médicos y enfermeras que seguían maniobrando