Daisy le devolvió la sonrisa:
—No se preocupe, abuelito. Fue un gusto…
Sin embargo, de pronto se detuvo y se tapó la boca con aparente turbación.
—¿Pasa algo? —preguntó Erik con genuina preocupación—. ¿Se siente mal?
—N-no… —Daisy negó con la cabeza—. Es que… con mi condición de "simple ciudadana", quizá no debería llamarlo "abuelito" así como así.
—¡Qué tonterías dice! —protestó Erik, enternecido—. Si no fuera por usted, puede que ya no siguiera en este mundo. Que me diga "abuelito" es motivo d