Avanzó a toda velocidad, casi al máximo de sus capacidades, pero la persona que huía siempre mantenía un pequeño trecho de ventaja.
Era extraño: Daisy era la más rápida de su organización, prácticamente nadie podía escapar de ella, así que el hecho de que ese desconocido siguiera adelante la enfureció aún más.
¡Por muy rápido que corriera, no iba a escapar!
—¡Detente! —gritó Daisy con determinación—. Si te rindes ahora, todavía tienes una oportunidad de salir con vida.
—Ja… —respondió él con un