La luz tenue del camerino era cálida, íntima, un pequeño universo de calma artificial en el corazón del colosal Teatro de la Ópera. Olivia se quedó inmóvil frente al espejo iluminado, observando a la mujer que le devolvía la mirada. No era la Olivia Hale, la hija no deseada, la exesposa traumatizada. Tampoco era solo Olivia Winchester, la consorte de un hombre poderoso. Era Olivia, la violinista. Y esta noche, ese era el único nombre que importaba.
Su vestido era de un largo y sencillo modelo d