No era la primera vez que Lion escuchaba su música. La había escuchado en la penumbra de su estudio, arpegios suaves que flotaban como susurros por los pasillos de la mansión. La había escuchado en ensayos privados, donde las notas, aunque perfectas, llevaban la cautela de lo íntimo. Pero esta… esta era la primera vez que la veía desnudar su alma frente a un verdadero público, bajo la implacable caricia de los reflectores que la bañaban en una luz celestial.
Sentado en la butaca de terciopelo,