Al otro lado de la línea, hubo un silencio breve, seguido de un suave suspiro que sonó casi a satisfacción.
—Vaya, vaya. El fiel Caleb parece haber encontrado consuelo en otro lugar. Después de todo, no es de extrañar, considerando el… clima gélido en vuestra lujosa celda.
—No es momento para tus juegos, Beatriz. —Suplicó Allison, sintiendo cómo las lágrimas de rabia e impotencia le nublaban la vista. —¿Qué hago? Tú… tú me enseñaste cómo atraerlo, cómo hacer que me deseara por encima de todo. D