La luz de la mañana entraba a raudales por la ventana de la suite hospitalaria, bañando todo con una claridad que parecía barrer los últimos vestigios de la debilidad. Lion, ya vestido con un traje informal, pero impecable que le había llevado Andrés, estaba de pie, mirando por la ventana. El médico acababa de darle el alta y sus palabras aún flotaban en el aire:
—Su recuperación es notable, pero todavía hay que tener cuidado.
La puerta se abrió suavemente. Olivia apareció en el umbral, con un