La casa de Karla, que usualmente era un refugio de estilo y calma, ahora estaba sumida en una quietud pesada y dolorosa. Olivia había logrado llevarla a casa, una Karla sonámbula, con la sonrisa valiente que había mostrado al abuelo de Ethan ahora completamente desvanecida, reemplazada por un vacío desgarrador. La había ayudado a cambiarse, y ahora Karla estaba sentada en el suelo frente al sofá, con las piernas recogidas contra el pecho, una botella de vino tinto a medio terminar al lado y una