La cena transcurrió bajo una tregua tensa y artificial. Los cubiertos chocaban contra la porcelana con un sonido anormalmente alto en la ausencia de conversación real. Los intentos de charla trivial por parte de algunos invitados caían en el vacío, ahogados por el peso de lo no dicho.
Olivia apenas probó bocado. Sentía las miradas furtivas, los susurros ahogados detrás de las manos. Pero, sobre todo, sentía la presencia de Lion a su lado, una fortaleza de silencio y poder que, por primera vez,