Al día siguiente.
El último acorde de la lección de violín se desvaneció en el aire de la academia, dejando un silencio cargado de satisfacción. Olivia sonrió a la joven estudiante que empacaba su instrumento con cuidado reverencial.
—Tu staccato está mucho más claro, Lise. Sigue practicando con el metrónomo. —Recomendó la rubia con una amplia sonrisa.
—¡Gracias, señorita Hale! —La chica sonrió, radiante, antes de despedirse con una reverencia.
Su representante, Deborah, una mujer con pómulos a