El aire en la Sala de los Cimientos de Cristal tenía una calidad electrizante, como si la propia transparencia de las paredes estuviera cargada con la ansiedad colectiva. Samuel pasaba sus dedos sobre las líneas de código que flotaban en el holoprojector, sus cejas fruncidas en una concentración absoluta. Clara observaba desde el borde de la sala, los brazos cruzados, mientras Lion y Olivia discutían en voz baja cerca del jardín interior.
—Los Cartógrafos del Caos no son aficionados,— dijo Samu