La alerta de Samuel cayó sobre Lion como una losa de hormigón. Sesenta y ocho por ciento. Ya no era una probabilidad, era una sentencia. Setenta y dos horas. Ese era el margen que les quedaba antes de que la farsa se desmoronara, literalmente, ante sus ojos. Las palabras de Mercer resonaban en su mente, un eco premonitorio que se unía al implacable parpadeo del punto rojo en el plano estructural del Aurora.
La noche fue larga y silenciosa. Lion no durmió, estudiando los datos que Samuel le envi