La lluvia había cesado, dejando un Londres lavado y frío bajo un cielo de plomo. En la suite del hotel, el silencio era más elocuente que cualquier discurso. Olivia y Lion, empapados y exhaustos, se miraban a través de la habitación como dos náufragos en orillas opuestas. El olor a humedad y a derrota impregnaba el aire.
La evacuación había concluido. Trescientas doce personas estaban a salvo. No había habido heridos. Un milagro técnico, logrado por Gabriel y su equipo con una precisión quirúrg